“Mientras el maestro no se modifique en su contenido sustancial de maestro y la escuela continúe viviendo al margen de la vida, seguirá siendo un organismo rezagado, inadaptado a las necesidades del mundo en marcha”

Olga Cossettini, 1945

 

¿Cómo y cuándo fue creada la Red Cossettini? 

La fría mañana de mayo de 1987 cuando Olga se despide de su barrio y de sueños para siempre, fue el comienzo, creo yo, de esta historia.

Leticia, su hermana, asume el legado Cossettini: toma la decisión sobre el futuro de dicha documentación y abre las puertas de su casa a todos aquellos interesados en conocer los fundamentos y acciones de la pedagogía que ellas trabajaron en los quince años (1935-1950) de labor en la Escuela de Educación Pública Nº 69 “Dr. Gabriel Carrasco” de la ciudad de Rosario, Argentina y cuyos cimientos se habían materializado previamente en la Escuela Normal Domingo de Oro de la ciudad de Rafaela (1930 – 1935)

Es así que en 1988 Leticia dona toda esta documentación al Instituto Rosario de Investigación en Ciencias de la Educación – IRICE – CONICET – dirigido en esos tiempos por la Dra. Iris Laredo, hecho que da pie a la conformación del actual Archivo Pedagógico Cossettini. 

En simultáneo surgen en la ciudad de Rosario distintos grupos que comienzan a revivir el “germen” de una escuela de vida y para la vida, donde la ciencia, el arte y la palabra estaban en función de la educación. Se destaca la acción de la profesora Beatriz Vettori – una de las figuras más importantes en la creación del Consejo Latinoamericano de Educación por el Arte (CLEA) – quien junto al cineasta Mario Piazza realizan, a través de testimonios de exalumnos y de la propia Leticia, el documental “La escuela de la Señorita Olga” (1991). Dicho documental, sin lugar a dudas, posibilitó que la experiencia circule a través de festivales, emisiones especiales en la televisión y encuentros docentes – tanto a nivel nacional como internacional.

Esta difusión permitió el encuentro de maestros, profesores, alumnos e instituciones que buscaban posicionarse entre lo aprendido en los institutos de formación, las exigencias curriculares y un “sentir” de que el acto de enseñar debía tener otros componentes. Jóvenes, no tan jóvenes, maestros que se iniciaban y otros con muchos años de trabajo, en distintas realidades y niveles se encontraban, nos encontrábamos, y allí comenzó a tejerse la RED. Nadie la creó, se fue conformando con numerosos nudos y lazos que nos permitieron saber que éramos muchos los que compartíamos la esencia del pensamiento Cossettini.

 

Por qué, para qué y con quiénes se conforma la Red?

No es tener una posición ingenua, – ante un grave deterioro del núcleo parental y comunitario y los frecuentes cambios curriculares que se observan en nuestra realidad – pensar que la escuela pueda afrontar, aislada, la desesperanza imperante. Pero la escuela debe imperiosamente intentarlo y “es el maestro a quien le corresponde contrarrestar con inteligencia, sabio discernimiento y un profundo amor, esa influencia que pesa sobre el niño con los fatales resultados que, de tan comunes, son apenas tenidos en cuenta por una minoría de maestros” (Olga Cossettini, 1941).

Los maestros, equipos directivos y la comunidad escolar saben que no es sencilla la tarea. Muchos son los que están “en el frente” – frente a un grado, a una escuela o a la cooperadora – y no siempre son reconocidos por sus pares ni por el entorno social. Hay soledad en la innovación, descrédito a lo diferente.

 

¿Para quiénes?

La Red Cossettini cobija a todos aquellos que, abrevando del pensamiento y obra de Olga y Leticia Cossettini, reflexionan sobre su trabajo “ninguna improvisación. Fue la nuestra búsqueda serena y valiente. La escuela dilataba su horizonte y enriquecía sus vivencias”…”Aún con programas oficiales, las materias perdían sus artificiosos contornos y lográbamos una actividad constructiva y creadora. Cultivábamos todas las funciones mentales en armoniosa conjunción, desarrollando cualidades fundamentales de penetración y de sensibilidad en todas las materias. Este fue nuestro hallazgo. Le dábamos al niño la oportunidad de manifestar sus ideas y de realizar sus experiencias en una actividad disciplinada, en la cual las propias dotes del maestro desempeñaban un papel de gran importancia. El maestro era una presencia cálida y alerta” (Leticia Cossettini).

Esta es la aspiración de los integrantes de la Red Cossettini: constituirnos en una presencia cálida y alerta para reforzarnos en este ancestral “oficio de enseñar”.